El Bicentenario como motivador de aventuras educativas

La charla que se plasma en papel


Novedoso y transformador, el proyecto “Las cartas recuperan la historia” empezó en marzo por iniciativa de Silvina Vidal, directora la Escuela N° 24 de Gerli, de Avellaneda provincia de Buenos Aires. Un proyecto, al parecer simple, que viene concretando un verdadero diálogo entre Buenos Aires y Tucumán a través de estudiantes de escuelas. La identidad, la historia, las memorias, las tradiciones escolares, los espacios y las fiestas propias de esos dos puntos de nuestra Argentina se renuevan y recrean en el proceso de esta experiencia epistolar que las escuelas dinamizan para dar forma a una propuesta educativa innovadora.


El Bicentenario es el relato común que transforma palabras


El proyecto se propuso recuperar la tradición de la carta como herramienta de comunicación y trabajar en el marco del Bicentenario de la Independencia los intercambios entre estudiantes de escuela primaria para incentivar la capacidad expresiva, la socialización y el conocimiento de la historia con una mirada intercultural. Silvina Vidal recuerda en la fundamentación del proyecto que en los años de la independencia “los caminos no estaban desarrollados, las rutas eran precarias condicionando el intercambio de información; se utilizaban varios medios de transporte de tracción animal, por lo tanto, el principal medio de comunicación entre los habitantes de una ciudad y la otra eran las cartas”. A partir de esta iniciativa se buscó que los estudiantes reflexionen acerca de este contexto, las dificultades y limitaciones que nuestros antepasados tuvieron que sortear y, que analicen los diversos modos y medios de comunicación actuales”.

El otro polo del intercambio epistolar se integró con docentes y alumnos de una escuela tucumana, la Escuela 9 de julio de San Miguel de Tucumán. Su director Carlos Diaz en charla con ANITA dijo que “el intercambio de cartas posibilitó una experiencia real entre alumnos de distintas escuelas de dos ciudades muy distantes. Transmitir y recibir opiniones, conocer otros abordajes sobre problemas comunes, como el Bicentenario, pero además estimuló el gusto por escribir y construir relaciones de trabajo colaborativo entre pares. Viene resultando muy movilizador tanto para docentes como para alumnos, dado que promueve una gimnasia de escritura colaborativa y continua, cargada de sentido. A su vez estimula el placer que genera la búsqueda de información para compartir, y al mismo tiempo promueve el uso de las TIC. En resumen el envío y la recepción de cartas construye sentido de compromiso y responsabilidad y es una propuesta pedagógica que facilita la colaboración entre docenes de distintas áreas”.


La escuela pueda promover diálogos enriquecedores


La escuela es un espacio que permite el intercambio de experiencias, representaciones, conocimientos entre estudiantes provenientes de provincias distantes, con realidades diferentes y también elementos comunes. Enriquecer la mirada a partir del aporte de los pares no cotidianos opera a favor del desarrollo de la identidad personal y social, que siempre se construye de modo dinámico, a partir de voces y miradas diversas. La comunidad se construye entre todos en ese ida y vuelta que integra a los demás. En el caso de las escuelas de Gerli y Tucumán el intercambio de cartas permite (el proyecto continuará hasta fin de año) que el centenar de estudiantes comprometidos con la iniciativa intercambien y debatan ideas, expliciten criterios y argumentos para ir desarrollando una mirada crítica y opiniones propias sobre temas de la historia y del presente de las ciudades que habitan y de las que habitan los compañeros.


La espera como parte del conocimiento


La posibilidad de escribir cartas y de esperar la llegada de cartas de los otros, además, alimenta una actitud responsable y participativa, y genera practicas significativas al hablar, escuchar, leer y escribir. Los estudiantes se apropian del proceso que los interpela y los convoca personalmente, en las cartas se los va llamando por sus nombres, una persona que nunca vieron antes los menciona en un papel y les dirige un mensaje, eso estimula el desarrollo de un proceso de adquisición y comunicación de conocimientos sobre la vida de sus pares y de sus contextos que los eleva a la condición de autores. Asumen así una actitud comprometida y respetuosa hacia diversas formas de vida, como así también hacia diferentes puntos de vista.

Las Cartas de abril


Silvina Vidal contó, como para disparar imágenes sobre el atractivo del proyecto que “a fines de abril estaban recibiendo las primeras cartas. La espera es un factor importante, entre carta y carta hay cada vez más entusiasmo en los chicos. Sabíamos que el Bicentenario iba a trascender todo el año, surgió la posibilidad de que nuestros estudiantes empiecen a conocer a chicos de otra escuela y que sea en Tucumán le ponía más color dado que es la cuna de la independencia.


Desde el primer momento tuvimos una recepción bárbara con los directores de la escuela. En nuestro caso están participando estudiantes de 5to y 6to grado, cerca de 50 chicos. Vamos a continuar con las próximas etapas del proyecto en el que además de cartas van a ir construyendo textos colaborativos usando el drive. Primero fueron temas personales, con la intención de que los chicos vayan conociéndose entre sí , la realidad del otro, la escuela de cada grupo, luego el proyecto tiene más que ver con el mismo Bicentenario, de qué se tratan las fiestas, cómo la preparan en cada escuela, las cosas que viven en cada lugar. Diferencia en las formalidades, las costumbres”.



Cuando la escritura se asume como algo propio


Carlos Diaz, destacó varias ventajas educativas del proyecto. Aseguró que el intercambio entre alumnos de Tucumán y Buenos Aires renovó “el gusto por escribir y construir relaciones de trabajo colaborativo entre pares. También resultó movilizador entre docentes y alumnos, porque promovió la escritura con sentido, la búsqueda de información para compartir, el uso de las TIC, y construye sentido de compromiso y responsabilidad, facilita la colaboración entre docentes de distintas áreas”.


Además, claro está, los niños desarrollaron una escritura significativa donde la expresión y el deseo iban de la mano, tenía que ver con una intención personal, de conocer otras realidades de llenar de sentido las actividades que dejaban de ser curriculares y pasaban a ser parte de los intereses propios. Por eso es que hubo avances en la capacidad de expresión oral y escrita así como en los modos de presentación de los trabajos. Díaz agregó que “este tipo de iniciativas permite conocer y descubrir vocaciones, ya que acá se descubrió quien quiere ser locutor, a quien lo atrae el dibujo, quien tiene facilidades para dramatizar, o cómo se puede expresar sentimientos e ideas a partir del baile, o el canto. Por supuesto también se encontraron estudiantes que se vieron atraídos por la escritura o por crear cosas y formas nuevas. Para cerrar el abanico de posibilidades que abrió el proyecto de intercambio de cartas tenemos que nombrar uno que es un poco un sueño, el que puede implicar la concreción de un viaje”.


Toda aventura es un viaje


Tal vez ese viaje de intercambio para que los estudiantes conozcan a sus nuevos amigos hechos por carta sea el broche de oro, la mejor manera de cerrar un viaje que hasta el momento fue una verdadera aventura educativa y que pinta para seguir generando historias, relatos, videos, producciones fotográficas y mucha imaginación puesta al servicio de la comunicación y el conocimiento de los demás. Las cartas que se vienen mandando este grupo de estudiantes y docentes es una muestra más de que en las escuelas pasan mucho más cosas que las que nos permiten prever los recorridos curriculares.


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