El CIC se transformó en hospital de muñecos por un rato

El equipo de trabajo y las usuarias del CIC Los Chañaritos realizaron un taller de creación y reparación de juguetes para contar con regalos para los chicos el domingo del día del niño. La puerta de una de las salas lo anunciaba en clave de literatura infantil: "Taller Hospital de Muñecos". Juegos y muñecas donados por los vecinos y comerciantes de los barrios aledaños fueron los insumos que utilizaron para trabajar en equipo y producir regalos para los niños que a diario consultan los servicios de salud y social del Centro Integrador. Luego con agujas, hilos, botones, témperas, lana, goma eva y mucho trabajo en equipo los dejaron listos para que los niños y niñas puedan disfrutarlos.



En las tres jornadas de trabajo que les dedicaron al proyecto las participantes limpiaron y refaccionaron muñecos sin un brazo, autos con cuatro ruedas pero sin el eje delantero, ositos de peluche a los que había que coserle un ojo nuevamente, payasos descoloridos a los que hubo que entonar, rompecabezas a los que había que sumarle la última pieza para que el gráfico cerrara. El centro integrador no solo es un lugar que brinda atención sanitaria a los vecinos y propone actividades recreativas. Los CiC son espacios en donde los vecinos se juntan, se organizan y de donde surgen propuestas colectivas para solucionar problemas concretos.


Cuando entramos apenas nos miraron y continuaron abocadas a su trabajo alrededor de una gran mesa en medio de la sala. Se veían juguetes empaquetados y con moño y otros en el piso a punto de ser seleccionados para la restauración.


Verónica, secretaria de coordinación del área social del CIC estaba parada frente a un grupo de madres y coordinaba algunos pasos previamente definidos para dejar los juguetes a punto. La mesa que las reunía parecía una gran camilla que como la de los hospitales sostenía a pacientes mientras recibían curaciones. Los muñecos se veían como pacientes en fila india esperando el turno. Entre algún arreglo, un zurcido y una indicación de rutina, Verónica se tomó un respiro y se acercó a explicarnos qué estaban haciendo ahí reunidas “es un placer hacer este tipo de actividades. Cuando llegan estas fechas, todos los chicos esperan su regalo, y sabemos que para muchas familias es casi imposible cumplir ese deseo. Estamos trabajando para que todos los niños puedan contar con un juguete el día del niño. El hospital de los muñecos, le pusimos a esta iniciativa, recordando la canción de Pinocho”. Luego aclaró que el taller “se hizo en tres jornadas y que muchas mamás y consultantes fueron ayudando con lo que tenían a mano o recolectaban del barrio. La gente es muy solidaria cuando se trata de los chicos”.


“Son todos juguetes que nos donó la gente del barrio. Nunca habíamos reparado pero las mamás de los niños nos ayudaron mucho, había muñecos rotos, otros sucios, que necesitaban un pequeño arreglo, lavado o que se cosa algo. Algunos detalles para hacer. Poder regalar algo, por mínimo que sea, es sumamente importante porque los niños necesitan jugar para poder desarrollarse, para el crecimiento, para aprender, para querer al barrio” expresó.


Paola también trabaja en el área social como secretaria administrativa. “En el taller de reparación me pusieron a cargo del armado de las bolsitas para entregar golosinas a los chiquitos que vengan el domingo. Las bolsitas las hicimos con las alumnas del taller de arte decorativo” nos contó. Todas las semanas en el CIC Los Chañaritos se reúnen adolescentes y mamás para armar bijouterie, hacer cotillón, reciclado, puff, y Paola expresó orgullosa que “hacer manualidades es algo que me encanta. Me relaja, es una manera de hacer algo bueno y sacarte preocupaciones de encima. A la gente que viene le gusta mucho”



Ana Paula además de bolsitas para caramelos tarareaba una canción poniéndole a cada tono un toque Disney, tiene 10 años y es una apasionada del canto, del baile y también del taller que da Paola, “estoy pintando payasos para los niños. Aunque mucho no me gustan los payasos sé que es lindo darles un regalo en su día y que se lleven una sonrisa” dijo. Después, sin tantos nervios agregó “me gusta mucho pintar, cantar y bailar. Me gustaría “decirles a los chicos que pasen un día alegre y nunca pierdan la esperanza”, y apenas terminó se puso a cantar a capela una melodía pop con una letra que hablaba de sueños, viajes, estrellas y de “llegar a donde uno quiere”, que le dedicó a las mamis que la miraban sorprendidas.


Matías, el hermano de Ana Paula, no hacía ni bolsitas, ni arreglaba juguetes, pero estaba inquieto y con ganas de mostrarnos algo. Cuando le pusimos el mircrófono nos dijo que no, que él no tenía mucho para declarar, “yo hago karate”, expresó decidido. Y a los dos segundos estaba corriendo mesas, sillas y haciendo un espacio para desplegar las piernas por los aires, tirar piñas al viento y gritar un sonido gutural con función de cambio de oxígeno. Matías se expresaba como si quisiera convencernos de que nació para el karate. Y un poco nos lo creímos. “Lo que acabo de hacer son unas figuras, saludos, presentación y cortesía. Hace poco pasé a cinturón amarillo y ahora voy a rendir naranja”, dijo y nos invitó a que vayamos a verlo cuando se encuentre de frente a su próximo desafío. En el CIC tienen artes marciales también y muchos niños se acercan para participar de ese espacio los jueves a la tarde.


Sonia Vega estaba terminando de envolver un juguete ya listo en un paquete y la interrumpimos para que nos cuente su experiencia “vivo en el barrio Néstor Kirchner (cerca del CIC Los Chañaritos), soy referente de las cocinas comunitarias, pertenezco a la red de la CC. Y vinimos a hacer esta actividad con el CIC”.


En las Cocinas Comunitarias del barrio trabajan mujeres de 19 familias, “nos reunimos a cocinar a hacer la comida y el postre. Cada uno lleva la comida a la casa para comer con sus familias. No es un comedor, que es un lugar donde la gente va a comer, sino que compramos los insumos, cocinamos juntas, compartimos la comida y cada uno come con los suyos. No se pierde ese momento lindo de estar en la mesa con la familia”. Además agregó que “tenemos un merendero y un lugar de recreación para los niños, 64 chicos que hacen catequesis y clases de apoyo escolar, vamos tratando de ayudar en el día a día en todas las necesidades del barrio. Y siempre estar atentos y cuidando a nuestros niños”.

Acá empezamos a trabajar con el grupo la idea de hacer un taller de reparación de muñecos, hemos venido a colaborar con chicas de las Cocinas. “Cuando era más chica hacia mucho este tipo de actividades. El momento lindo es cuando termina, cuando cada chico se lleva un juguete a la casa.


Karina de unos cuarenta años, nos mostró orgullosa un bolso rojo con cierre de esos en los que entran miles objetos y se usan para llevar de todo, “lo más difícil fue reparar los bolsos, en este caso usamos agujas grandes, cocimos todo el costado a mano porque estaba deshecho, no teníamos máquina pero nos dimos maña para cocerlo y que salga bien”, dijo con el bolso en la mano. Y luego señalando un bulto de juguetes ya empaquetados iba identificando el tipo de trabajo ejecutado “todo esto no tenía nada de pintura, era lavado. Pintamos con pintura al agua y con temperas. Esta muñeca no tenía forma y las chicas le dieron forma y le hicieron florcitas, las pintaron. Algunas pintaron y otras lavaron”.

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