Continúan las denuncias por maltrato de ex alumnos hacia colegios de la Fundación Fasta


A raíz de la denuncia de alumnos egresados de los colegios Boisdron y Reina de la paz, quienes denunciaron graves hechos de abuso y violencia vividos dentro de estas instituciones educativas, otros ex alumnos se animaron a romper el silencio y contar sus lamentables experiencias. Agravios, homofobia, humillaciones, discursos cargados de odio y violencia como parte de una repudiable forma de “lograr un mundo mejor” que imparten colegios católicos.


José María es ex estudiante del Colegio Boisdrón, estudió allí entre el año 1991 y 2002, desde jardín hasta cuarto año del secundario que se cambió de colegio. Hoy vive en Buenos Aires, es bailarín, gestor cultural y al igual que otros, vivió una experiencia humillante siendo estudiante del Colegio Boisdrón. Fue por una nota que leyó en el diario El Tucumano el pasado 5 de junio que se animó a contar su historia, “la nota era como si alguien hubiera leído algo que yo hubiera escrito en el sentido de que la experiencia era la misma”, comenta. “La primera sensación fue acordarme de varias situaciones de hostigamiento, por decirlo de alguna manera, dentro de la institución que me habían pasado y que habían quedado muy en silencio en mí, yo no las había contado ni a mis padres, ni a mis hermanos, las cargué siempre”.


Sin embargo José María se sentía asombrado al ver que algo que él siempre pensó que solamente le había pasado a él, en realidad lo habían padecido muchos otros. Las historias coincidían y se conectaban en algún punto, “este tipo de maltrato verbal hacia los alumnos, este tipo de acoso, de vigilancia que se hace sobre las personas, es sistemático y es necesario dentro del programa de formación de esta Fundación Fasta, de esta organización, eso es lo que me pareció más shockeante a mí”.


Al consultarle qué había sentido al momento de encontrarse con una nota en las redes que narraba una vivencia muy similar a la de él cuando niño, José María dijo que empezó a sentir la misma sensación de estrés y nervios como cuando iba al colegio, “es difícil de describir porque es hasta una sensación epitelial, es una sensación de decir “estoy observado” de alguna manera. Se abrieron muchísimas heridas en el momento de leer la nota y es imposible que no se te vengan a la mente y al cuerpo las sensaciones, los dolores y los miedos, sobre todo los miedos, el constante temor de que alguien te puede hacer algo “porque sí”, sencillamente por eso, porque no hay fundamento lógico para hacer daño por estas cosas”.


Una de las cosas más graves a las que hace referencia José María en su testimonio es cuando se refiere puntualmente a que desde esta institución se promueve intencionalmente este tipo de pensamientos, hay toda una estructura que sostiene sus modos de enseñanza, basadas en la discriminación, persecución de homosexuales, rechazo a las “familias disfuncionales” (que es como se refiere a familias de madres y padres separados). Además asegura que “la idea es no cambiar nada, porque ellos están muy convencidos que es la forma de “lograr un mundo mejor”, a base de la disgregación, a base de la humillación de las personas que no piensan como ellos, a través de enseñar datos falaces a los alumnos, a través de la imposición de una opinión y en muchos casos, yo no digo que los colegios y las instituciones educativas no puedan responder a lo que creen, a las creencias religiosas, espirituales de cada uno porque para eso tenemos libertades, pero no pueden enseñarte como una verdad algo que es una opinión, no pueden animarte a la disgregación de las personas como lo hacen en sus manuales, como lo hacen a través de la enseñanza para fomentar el odio y dañar a las otras personas”. Y en este mismo sentido, el ex alumno agregó: “dicen, a los homosexuales no se los debe tratar mal por su condición pero tienen que saber que no pueden acceder a cierto tipo de trabajos o pueden trabajar siempre y cuando su conducta moral no ponga en riesgo a los demás”.


Por otra parte se refirió explícitamente a que los mismos profesores deberían repudiar este tipo de acciones por parte de los colegios y no encubrirlos, “cuando hay una organización detrás que promueve activamente el bullying sobre ciertas personas, son los profesores los que tienen que empezar a dar la cara de por qué y cómo se les permite hacer este tipo de cosas, porque no es un profesor loco que a mí me dijo alguna vez puto o que le dijo alguna vez trola a alguna de las chicas, es sistemático es alentado (…) es necesario también que se atrevan a hablar los profesores de la institución”.


Por el momento la denuncia está radicada tanto en la provincia de Tucumán como en Buenos Aires y fueron los medios de comunicación (Página 12, El Tucumano) los que se hicieron eco de las graves acusaciones hacia los colegios católicos Ángel María Boisdron y Fasta Reina de la Paz.

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